No quiero decir hablar de cosas obvias como "La comida está allí" o "Viene hacia nosotros algo extraño, corramos! o "quiero un aumento". Quiero decir la interminable explicación en la que nos involucramos; la perpetua conversación que nos sentimos obligados a "hacer"; los cuadrillones de palabras liberadas cada día de las pilas de libros, en los kilómetros de papel de diario, en las ondas radiofónicas y a través de alambres de cobre y fibra óptica. ¿Por qué esta necesidad de poner todo en palabras, como si nada existiese realmente, hasta que no se ajusta y encaja como un juego de sonidos emitidos humanamente?
Porque no hay nada que el ser humano más quiera--y necesite--que jugar a ser Di-s.
Di-s lo hizo: Él habló la realidad cobró existencia. Dijo, "Haya luz!" y hubo luz. Dijo, "Que las aguas por debajo del cielo se junten en un área y que aparezca la tierra seca!" y se formaron océanos y continentes. Pero el hombre mira la creación de Di-s como algo todavía inconcluso, falto de definición. Entonces hablamos y hablamos y hablamos, categorizamos, cuantificamos y calificamos el mundo de Di-s en un esfuerzo para darle significado y propósito.
Hay diferencias, claro. Di-s es infinito y Todopoderoso; nosotros somos finitos y falibles. Di-s habló y la luz cobró existencia; nos han concedido el poder para hablar esa luz hacia una más luminosa, más enfocada--pero así como somos, probablemente la hablaríamos hacia la oscuridad. Podemos verbalizar continentes como países y provincias de una comunidad mundial productiva--o podemos hablar de ellos en términos de animosidad y disputa.
Pero eso es el "socio en la creación" que Di-s quiso: un compañero que de la misma manera que arruina un negocio, también lo hace exitoso. Un socio libre, independiente, cuyas elecciones son totalmente propias--y por consiguiente propia su responsabilidad y sus logros. Porque Di-s quiso verdaderos socios en Su esfuerzo, no un manojo de empleados y mensajeros (Él ya tenía muchos de ellos cuando creó al hombre--se llaman "ángeles").
Un verdadero compañero no sólo hace su parte en el funcionamiento y el desarrollo del negocio; también participa preparando la declaración de la misión, el modus operandi, las reglas y las regulaciones.
En el libro de Devarim ("Palabras"), también llamado Mishné Torá ("Repetición de la Torá", de ahí el anglo-latino Deuteronomio o "Segunda Ley"). Devarim consiste en un largo discurso de Moshé de 37 días, que comienza el 1 de Shevat y termina el 7 de Adar--día del fallecimiento de Moshé--del año 2488 de la creación (1273 antes de la Era Común).
En su discurso, Moisés recapitula los eventos más importantes y las leyes que se registran en los otros libros de la Torá. Moisés escribió esos libros también, pero allí él transcribió todo como lo recibió de Di-s, mientras que en el Deuteronomio él lo dice "en sus propias palabras". (Así, un pasaje que en el Libro de Éxodo o Levítico inicia con "y Di-s le habló a Moisés diciendo" en el Deuteronomio se expresa con "En ese momento, Di-s me dijo".)
No obstante, el Libro del Deuteronomio pertenece a la "Torá Escrita", en que no sólo el contenido sino también las palabras y las letras son de origen Divino. Nuestros Sabios explican que como Moisés había sometido su ego a la voluntad Divina "la presencia Divina hablaba de su garganta", "las palabras de Moisés también son las propias palabras de Di-s".
Como tal, el Libro del Deuteronomio actúa como un puente entre la Torá Escrita y la "Torá Oral". La Torá Oral incluye el Talmud y los Midrashim, los comentarios y los códigos, el Zohar y la Cábala, y "todo lo que un digno estudiante expondría a su maestro"--todo lo que se ha producido en 33 siglos de estudio e interpretación de la Torá, de acuerdo con la tradición de Sinaica. En el Torá Oral que se genera en las mentes y voces menos perfectas que las de Moshé, el contenido es Divino, pero las palabras y las letras son humanas --propias del hombre. Al conceder Di-s no sólo un mandato para la boca humana de formar Su mundo, sino también de participar en la formulación de la Torá--las leyes, el modelo, el "código de la fuente" de la creación.
¿Por qué nosotros hablamos tanto? Porque para eso estamos aquí.