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La Edad del Mundo


B"H, 18 de Tevet de 5722 [1962].
¡Shalom ubrajá!

Luego de mucho tiempo sin noticias suyas, me fue grato recibir sus saludos a través de los jóvenes de Jabad que recientemente visitaron su comunidad en conexión con la conferencia pública. Me alegró saber que usted había participado en el debate, pero me sorprendió enterarme que aún le preocupa el problema de la edad del mundo sugerida por varias teorías cientificas que no pueden conciliarse con la afirmación de la Torá de que el mundo tiene 5722 años.

He subrayado la palabra teorías, pues es necesario tener presente, ante todo, que la ciencia formula y se ocupa de teorías e hipótesis, mientras que la Torá trata de verdades absolutas. Son dos disciplinas diferentes, cuya "conciliación" es totalmente imposible.

Aparentemente, nuestra conversación -que tuvo lugar hace mucho tiempo, y que, mucho me alegró saberlo, no ha sido olvidada por usted - no le ha esclarecido, sin embargo, la cuestión. Trataré de hacerlo por escrito, lo cual impone la brevedad y otras limitaciones. Confío, sin embargo, en que los siguientes comentarios sirvan a nuestro propósito.

Básicamente, el "problema" tiene sus raíces en una concepción equivocada del método cientifico, o simplemente, de lo que es la ciencia. Debemos distinguir entre la ciencia empírica o experimental, que se ocupa exclusivamente de describir y clasificar los fenómenos visibles, y la "ciencia" especulativa, que se ocupa de los fenómenos desconocidos, que muchas veces no pueden ser reproducidos en el laboratorio. "Especulación científica" es, en rigor, una terminología incongruente, pues "ciencia", hablando con propiedad, significa "conocimiento" en el sentido estricto de la palabra. Como máximo, la ciencia sólo puede hablar de teorías inferidas de ciertos hechos conocidos y aplicados al ámbito de lo desconocido. Aquí la ciencia tiene dos métodos generales para inferir:

a) El método de la interpelación (como opuesto a la extrapolación), por el cual, conociendo la reacción en dos extremos, tratamos de inferir cuál será la reacción en cualquier punto intermedio.

b) El método de la extrapolación, por el cual se infiere más allá de una escala conocida. Por ejemplo, supóngase que conocemos las variaciones que se producen en cierto elemento dentro de una escala de temperatura de los 0º hasta los 100º, y sobre esa base estimamos cuál será la reacción a los 101º, 200º o 2000º.

De los dos métodos, el segundo (extrapolación) es evidentemente el más incierto. Además, la incertidumbre aumenta en proporción directa al incremento de la distancia con la escala conocida, y con la disminución del rango de esta última. De esta manera, si la escala conocida está entre los 0º y los 100º, nuestra inferencia a los 101º tiene más probabilidades que a los 1001º.

Vemos entonces, que toda especulación sobre la edad y el origen del mundo cae dentro del segundo y más débil de los dos métodos, o sea la extrapolación. Su debilidad es aún más evidente si tenemos presente que una norma inferida respecto de una causa desconocida a partir de una consecuencia conocida es más especulativa que una conclusión que va de la causa a la consecuencia.

Que una inferencia de consecuencia a causa es más especulativa que una inferencia de causa a consecuencia, puede ser demostrado muy simplemente:

Cuatro dividido dos es igual a dos. Aquí, el antecedente está representado por el dividendo y el divisor, y la consecuencia - por el cociente. En este caso, al saber cuál es el antecedente, es posible un solo resultado - el cociente (2).

Sin embargo, si sólo sabemos cuál es el resultado final, es decir el número 2, y nos preguntamos cómo llegar a éste, la respuesta permite varias posibilidades, a las cuales se llega por medio de métodos diferentes: a) 1 + 1 = 2; b) 4 - 2 = 2; c) 1 x 2 = 2; d) 4: 2 = 2. Es de notar que si otros números han de entrar en juego, el número de posibilidades que nos da el mismo resultado es infinito (pues 5 - 3 = 2; 6 - 4 = 2, etc., ad infinitum).

Agregue a esto otra dificultad, que prevalece en todos los métodos de inducción. Las conclusiones que se basan en datos conocidos, cuando son ampliativos por naturaleza, es decir, cuando se extienden a esferas desconocidas, pueden tener alguna validez únicamente bajo la suposición de que "todo lo demás sigue igual' es decir, que las condiciones que prevalecen, y su acción y reacción sobre las demás, son idénticas. Si no podemos estar seguros de que las variaciones o cambios serán similares a las variables engrado; si no podemos estar seguros de que el cambio será similar en clase o especie; si, además, no podemos estar seguros de que no participan otros factores, ¡tales conclusiones o inferencias carecen totalmente de valor!

Para una mayor ilustración me referiré a uno de los puntos que creo haber mencionado durante nuestra conversación. En una reacción química, sea de fisión o fusión, la introducción de un nuevo catalizador en el proceso, por pequeña que sea su cantidad, puede cambiar completamente el desplazamiento y la forma del proceso químico, o comenzar un proceso enteramente nuevo.

Aún no hemos terminado con las dificultades existentes en todas las llamadas teorías "cientificas" concernientes al origen del mundo. Recordemos que toda la estructura de la ciencia se basa en la observación de reacciones y procesos en el comportamiento de átomos en su estado presente, vale decir, como existen en este momento en la naturaleza. Los cientificos trabajan con conglomeraciones de miles de millones de átomos tal como están ligados entre sí, y tal como estos se relacionan con otras conglomeraciones de átomos. Los hombres de ciencia saben muy poco sobre los átomos en su estado primitivo, cómo puede actuar un solo átomo sobre otro en estado de separación; mucho menos, cómo las partes de un átomo singular pueden reaccionar ante otras partes del mismo u otros átomos. Una cosa es considerada cierta por la ciencia -hasta el punto en que llega la certidumbre cientifica- y es que las reacciones de los átomos singulares sobre los demás son totalmente diferentes de las reacciones de una conglomeración a otra.

Podemos ahora resumir las debilidades, mejor dicho, la irremediable inseguridad de todas las teorías cientificas sobre el origen y la edad de nuestro universo:

a) Estas teorías han sido sostenidas sobre la base de datos observados durante un tiempo relativamente corto, de unas pocas décadas, o como máximo de un par de siglos.

b) Partiendo de una escala de lo conocido (aunque imperfectamente) de muy poca magnitud, los cientificos se aventuran a construir teorías por el débil método de la extrapolación, y yendo de la consecuencia al antecedente, en una extensión de miles (según ellos millones y hasta miles de millones) de años!

c) Al proponer tales teorías, dejan de lado negligentemente factores admitidosuniversalmente por todos los científicos, a saber, que en el período inicial del "nacimiento" del universo, las condiciones de temperatura, la presión atmosférica, la radioactividad, y una multiplicidad de otros factores de potencial catalítico, eran totalmente diferentes a los que existen en el estado presente del universo.

d) El consenso de la opinión científica es que en la etapa inicial deben haber existido muchos elementos radioactivos que ya han desaparecido o que subsisten en cantidades ínfimas, de algunos de los cuales se conoce su potencia catalítica aun en dosis mínimas.

e) La formación del mundo, si aceptamos estas teorías, comenzó con un proceso de coligación de átomos singulares o los componentes del átomo y su conglomeración y consolidación, con la intervención de procesos variables totalmente desconocidos.

Para abreviar, de todas las débiles teorías "cientificas", aquellas que se ocupan del origen del cosmos y del establecimiento de fechas al respecto, son (y esto es admitido por los cientificos mismos) las más débiles entre las débiles.

No es de extrañar (y esto, incidentalmente, es una de las refutaciones obvias de estas teorías), que las diversas teorías "cientificas" sobre la edad del universo no sólo se contradigan entre sí, sino que algunas sean completamente incompatibles y mutuamente excluyentes, pues la fecha máxima de una teoría es menor que la fecha mínima de otra.

Si alguien acepta una teoría tal sin espíritu crítico, sólo puede llegar a un razonamiento pleno de falencias o inconsecuencias. Consideremos, por ejemplo, la llamada teoría evolucionaría del origen del mundo, que se basa en el supuesto de que el universo evolucionó de partículas atómicas y subatómicas existentes, que, por un proceso de evolución, se combinaron para formar el universo físico y nuestro planeta, sobre el cual se desarrolló la vida orgánica también por algún proceso de evolución, hasta que surgió el "homo sapiens". Es difícil comprender por qué el hombre está dispuesto a aceptar incondicionalmente la creación de partículas atómicas y subatómicas que, lo reconocen todos, es desconocida e inconcebible, y sin embargo está maldispuesto a aceptar la creación de planetas, organismos y un ser humano, tal como los conocemos.

El argumento del descubrimiento de fósiles no es de ninguna manera evidencia concluyente de la gran antigüedad de la tierra, por las razones siguientes:

a) En vista de las condiciones desconocidas que imperaban en tiempos "prehistóricos", condiciones de presión atmosférica, temperatura, radioactividad, catalizadores desconocidos, etc., como ya se ha mencionado, es decir, condiciones que pudieron haber causado reacciones y cambios de naturaleza totalmente diferentes a los conocidos bajo los ordenados procesos naturales del presente, uno no puede excluir la posibilidad de que hayan existido dinosaurios hace 5722 años, y que se fosilizaran bajo tremendos cataclismos naturales en el curso de unos pocos años en vez de millones, pues no tenemos ninguna medida concebible, o criterio de cálculo, bajo esas condiciones desconocidas.

b) Aun asumiendo que el período de tiempo que la Torá concede a la edad del mundo es definitivamente demasiado corto para la fosilización (aunque no veo por qué uno deba ser tan categórico), todavía podemos aceptar tranquilamente la posibilidad de que Di-s haya creado los fósiles mismos, huesos o esqueletos (por razones de Su entender), del mismo modo que podría crear organismos vivientes, un hombre completo, y productos elaborados como el petróleo, carbón o diamantes, sin ningún proceso evolucionario.

En cuanto a la pregunta de que si fuera cierto lo que antecede (b), ¿por qué tenía que crear Di-s fósiles? La respuesta es simple: nosotros no podemos saber las razones por las cuales
Di-s eligió esta manera de creación en preferencia a cualquier otra, y para cualquier teoría de creación que se elija, la pregunta de "¿por qué crear un fósil?" no es más válida que la pregunta de "¿por qué crear un átomo?" Ciertamente, tal pregunta no puede servir de argumento sólido, y mucho menos como base lógica para la teoría de la evolución.

¿Qué base cientifica existe para limitar el proceso creativo a un proceso de evolución solamente, comenzando con partículas atómicas y subatómicas, una teoría llena de brechas inexplicadas y complicaciones, en tanto se excluye la posibilidad de la creación como lo explica el relato bíblico? Pues si se admite esta última posibilidad, cada pieza encaja perfectamente y toda especulación sobre el origen y la edad del mundo se vuelve innecesaria e irrelevante.

Sin duda, atacar esta posición con el argumento de: "¿Por qué crearía el Creador un universo terminado, cuando hubiera sido suficiente para El crear un adecuado número de átomos o partículas subatómicas con el poder de coligación y evolución para desarrollarse hasta el orden cósmico presente?", tampoco es correcto. Tampoco esta pregunta sirve de base para poner en tela de juicio el relato bíblico. Lo absurdo de este argumento se hace más evidente cuando se transforma en la base de una teoría endeble, corno si estuviera basada en sólidos e irrefutables argumentos que excluyen cualquier otra posibilidad.

También cabe preguntarse: "Si las teorías que pretenden explicar el origen y la edad del mundo son tan débiles, ¿cómo pudieron ser sostenidas originalmente?" La respuesta es muy sencilla. Es característico de la naturaleza humana buscar una explicación para todo, y cualquier teoría es mejor que ninguna, por lo menos hasta que se pueda encontrar una explicación más factible.

Puede usted preguntarse ahora: En ausencia de una teoría sólida, ¿por qué no aceptan los cientificos el relato de la Creación tal corno aparece en la Biblia? La respuesta, nuevamente, debe buscarse en la naturaleza humana. Es una ambición humana natural ser inventivo y original. Aceptar el relato Bíblico priva a uno de la oportunidad de demostrar su ingenio inductivo y analítico. Por lo tanto, dejando de lado la explicación biblica, el cientifico debe procurarse de razones para "justificar" su rechazo, y se refugia clasificándola de primitiva "mitología" y cosas por el estilo, ya que no puede argumentar contra ella sobre un terreno cientifico.

Si todavía le preocupa la Teoría de la Evolución, le puedo decir sin miedo de contradicción que no tiene ni una pizca de evidencia para apoyarla. Por el contrario, durante los años de investigación desde que la teoría fuera propuesta, fue posible observar ciertas especies de vida vegetal y animal de corta vida por miles de generaciones; sin embargo, nunca ha sido posible establecer una transmutación de una especie a la otra, y mucho menos convertir una planta en un animal. Entonces, esta teoría no puede tener ningún lugar en el arsenal de la ciencia empírica.

La Teoría de la Evolución a la cual se ha aludido, en realidad, no influye sobre el relato de la Creación de la Torá. Pues aun si se sostuviera esta teoría hoy en día, y la mutación de especies fuera probada en el laboratorio, esto no plantearía una contradicción a la posibilidad del mundo tal como lo dice la Torá, en vez de un proceso evolucionario intermedio. El propósito central de citar la teoría evolucionara era ilustrar cómo una teoría altamente especulativa, cientificamente frágil, puede captar la imaginación de quienes no están dispuestos a la crítica, hasta el punto de ofrecerse como una explicación "cientifica" del misterio de la Creación, a pesar del hecho de que la Teoría de la Evolución misma no ha sido sostenida cientificamente y está desprovista de base cientifica real.

Huelga decir que no es mi intención menospreciar la ciencia y desacreditar sus métodos. La ciencia no puede operar sin aceptar ciertas teorías base o hipótesis, aunque no puedan ser verificadas y aunque algunas teorías son duras de morir a pesar de haber sido cientificamente desacreditadas (la Teoría de la Evolución es un ejemplo). Ningún progreso técnico es posible a menos que ciertas "leyes" físicas se acepten, aunque no haya ninguna garantía de que la "ley" se repetirá. Sin embargo, quiero recalcar -como ya lo he dicho- que la ciencia se ocupa estrictamente de teorías pero no de certezas. Todas las conclusiones cientificas, o generalizaciones, pueden solamente ser probablesen mayor o menor grado, según las precauciones tomadas en el uso de la evidencia disponible, y el grado de improbabilidad necesariamente aumenta en proporción a las variables desconocidas, etc., como ya se ha indicado. Si se tiene esto presente, podrá verse que no hay un conflicto real entre cualquier teoría científica y la Torá.

Mis comentarios anteriores han resultado un poco más extensos de lo planeado, pero son aún demasiado breves en relación con las concepciones equivocadas y la confusión que prevalece en muchos espíritus. Además, mis comentarios debieron limitarse a observaciones generales, dado que éste no es el medio apropiado para mayores detalles. Si tiene usted cualquier otra pregunta, no vacile en escribirme.


Con bendición.

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Por el Rebe de Lubavitch, Rabi Menajem Mendel Schneerson
Extraído de las Cartas del Rebe de Lubavitch.

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Comentarios de Lectores
Últimos comentarios:
Enviado: July 4, 2011
La Edad del Mundo
mil gracias por compartir tan excelentes enseñanzas ! El Eterno Creador de todo cuanto existe les siga llenando de Su Luz. un abrazo !
Enviado Por Angela Vargas, Bogotá, Colombia

Enviado: Jan 29, 2011
La enorme de especies de dinosaurios que indudablemente vivieron en la tierra hasta hace 30 millones de años, requirió una vegetación que no existió en la época de la Tierra en que la Torá indica que se creó el mundo hace mas de 5700 años. Ni existe registro de una extinción de todos estos animales gigantescos. No pudo matarlos el diluvio de acuerdo con la Torá porque Noé hubiera tomado una pareja de cada uno de estos y seguirían vivos. No hay registros en ninguna cultura de imagenes ni experiencias humanas vividas en relación con estos animales, considerando que los había por millones de especímenes, algunos de los cuales rebasaban los 36 metros de longitud. No hay manera ni de que no hayan existido, ni de que hayan existido luego de hace 5800 años, sino hace mas de 30 millones de años.
Es asombrosa la pretensión de comprimir miles de millones de años de historia natural con incontables signos de todo tipo en tan solo menos de 5800 años. Falta mencionar argumentos astronómicos.
Enviado Por Isaías Lara Klahr, Atizapán, México

Enviado: Jan 29, 2011
Es un problema que para conservar una tradición sabia se propicie el aislamiento del resto del mundo social hasta el punto de romper todo diálogo con el mismo; una especie de autismo intercomunitario. Esto es lo que me parece el aferrarse a una interpretación rígida y textual de la Torá. Sí es importante datar la edad del mundo o de sus partes tanto como el desarrollo moral de la sociedad, pues de ello depende el conocimiento del mundo mismo, pero especialmente es importante para librarse de las ataduras que los distintos totalitarismos fanáticos suelen imponer sobre los seres humanos.
Enviado Por Isaías Lara Klahr, Atizap

Enviado: Jan 27, 2011
Afirmaciones relacionadas con filosofía de la ciencia pretenden relativizar en extremo las aproximaciones científicas no muestran ningún rigor ni en cuanto a filosofía de la ciencia, ni en cuanto a lógica formal, ni en cuanto a coherencia interna, tal como se encuentran estas en el estado actual de desarrollo; específicamente: la falta de precisión científica no es contraria al proceso de validación científico; en metodología simplemente se reconoce mayor o menor grado de apoyo a tales o cuales teorías según las probabilidades de validación de las hipótesis.
Problema es que la Torá no coincide con ningún conocimiento científico; edad de glaciares, embriología, historia, etología, física, etc., de donde se infiere que ha de equivocarse toda aquella disciplina que diga que el mundo no puede existir desde hace SOLAMENTE 5700 años.
Qué tal probar la investigación de metodologías de interpretación de la Torá distintas?
Enviado Por Isaías Lara Klahr, Atizapán, México

Enviado: Jan 27, 2011
Parece una broma la enorme cantidad de argumentos débiles que se convoca tan sólo para mantener la postura de que la edad del mundo es la que indica la Torá. El esquema final es como si D-os hubiera creado el mundo como una obra de teatro ya escenificada en estado avanzado y de ahí todo hubiera continuado.
El hecho de que la ciencia reconozca su incertidumbre en lugar de ser una debilidad es una fortaleza, pues eso permite revisar de manera constante sus afirmaciones según lo que va encontrando.
En contra de lo que se dice en la carta que se comenta, hay una enorme cantidad de evidencia que APOYA -sin necesidad de hacerla absolutamente cierta- a la teoría de la evolución darwiniana no sólo en los fósiles, sino en los genes, en la taxonomía, en especímenes como el ornitorrinco, en la embriología, etc.
La Torá, lo dicen estudiosos de la misma -los puedo citar en otra ocasión- tiene contradicciones que forzosamente implican procesos de interpretación profundísimos.
Enviado Por Isaías Lara Klahr, Atizapán , México

Enviado: Nov 10, 2010
la edad del mundo. Cartas del Rebe de Lubavitch
Es una interesante forma de ver la edad del mundo, precisamente debido a las inperfecciones que plantean la mayoría de teorías, entre ellas la teoría de la evolución. No nos podemos alejar del hecho de que lo que los humanos han dado por llamar evolución, desgraciadamente ha sido en realidad dar pasos para atrás. Por ejemplo, se crean nuevos compuestos para mejorar la vida y son usados para asesinar, se desea encontrar el ser humano perfecto, pero para destruir a los demás. Y por si alguien argumenta contra ésto, en la era de la comunicación, Como puede ser posible que un padre no pueda comunicarse personalmente con su hijo y viceversa?. Considero que en lugar de buscar cuantos a;os tiene el mundo, ya es tiempo de pensar cuantos le quedan especialmente al paso de destrucción que llevamos. Y pensar cuantos a;os vamos a vivir cada uno en justicia, caridad y santidad.
Enviado Por Francisco Orellana Monterroso, Guatemala, Guatemala



 


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